Resulta interesante como los cristianos nos comportamos algunas veces cuando debemos tomar decisiones de orden público acerca de algunos temas concretos.
Digo esto pues recientemente en mi perfil de Facebook me uní a un grupo llamado “Hookers for Jesús” (Prostitutas para Jesús), el cual se dedica a ayudar a muchas personas (hombres y mujeres por igual) a salir del oscuro mundo de la explotación sexual en todas sus formas y lo hace desde una perspectiva totalmente cristiana presentándoles a estas personas el evangelio de Jesús como la alternativa para transformar sus vidas a través del amor y las oportunidades que este grupo da a quienes son víctimas de esta plaga.
Como parte de la experiencia no solo me uní al grupo sino que además envié invitaciones a todos mis amigos de Facebook. Al momento de escribir esto solo tres de ellos han respondido y se han unido también.
No se que es lo que motiva para no unirse a este tipo de causas a los creyentes en Jesús, pero definitivamente esta actitud no encuentra asidero alguno en la Biblia.
Jesucristo mismo pasaba mucho de su tiempo en compañía de personas que eran también participes de comportamientos con un alto grado de rechazo social y permitió que algunas de estas personas le tocaren y adoraren, mostrándoles el tipo de amor y misericordia que termina atrayendo a las personas hacia él.
Nosotros como iglesia nos hemos retirado de la gente “mala” para tratar de acercarnos solo a la gente “buena”, olvidándonos (como dice Neil Cole) que es precisamente la gente “mala” la que constituye mejor suelo para plantar la semilla del evangelio.
El cuerpo de Cristo necesita acercarse de nuevo a los rechazados, los despreciados, los relegados, los dejados atrás y convertir su mensaje en buenas nuevas otra vez, especialmente para aquellos que están sin esperanza por una vida de privaciones y abusos de todo tipo.
Pueden ser prostitutas para Jesús, o homeless para Cristo, o adictos para El Señor, usted menciónelo. Lo que es realmente importante es hacer algo que bendiga a aquellos que andan por el mundo esclavizados por el pecado y agredidos por nuestra indiferencia e incluso por nuestro rechazo.
La Biblia nos llama a ser Luz del Mundo, pero esa luz no brillará a menos que nuestras buenas obras la alimenten. Es solo entonces que los hombres glorificarán al Padre que está en los cielos.
¿Ustedes que piensan?