Moviéndose a la velocidad de Dios

Enfocados en lo importante

Octubre 8, 2008 · Dejar un comentario

Estamos en periodo electoral, no solo en los Estados Unidos sino también en muchas otras naciones alrededor del mundo.

El tiempo antes de las elecciones está siempre lleno de cuestionamientos y respuestas; algunas de ellas un tanto disparatadas y otras que de tanto repetirse cada periodo se han vuelto irrelevantes.

Pese a ello cada sector de la sociedad se involucra en la expresión de opiniones y se termina alineando a uno u otro lado del espectro político de acuerdo, y esa es nuestra esperanza, a sus mejores convicciones acerca de lo que es mejor para el país en el que vive y, en ultima instancia, para el mundo en general según sea que lo entienda desde su propia cosmovisión.

La iglesia no escapa a esta realidad. Cada día podemos escuchar en la radio, la televisión, los medios escritos y cibernéticos cristianos debates acalorados acerca de la ventaja de votar por uno u otro candidato o partido.

Esto no está mal. El problema es que se hace utilizando para ello una ecuación que mas o menos podría verse así: Cristiano = miembro de X partido político. Este es el punto de partida, la base fundamental de la discusión es que no hay discusión.

La iglesia en los Estados Unidos se ha alineado con una determinada fuerza política y para ello se utilizan argumentos como la lucha contra el aborto y el matrimonio homosexual o la mayor o menor postura conservadora de los líderes de esas fuerzas políticas.

Como creyentes y seguidores de Cristo estamos en total rechazo al aborto y al homosexualismo en general como práctica No interesa si la sociedad los acepta o no como cosas normales.

Sin embargo es el papel de la iglesia enfrentando esto lo que me preocupa seriamente. Recientemente conversaba con mi amigo David Jackson y sobre este tema y la conclusión a la que llegamos es que es una falacia pretender que lo que el Señor Jesús nos ordenó en cuanto a ir y hacer discípulos de manera que los corazones de las personas cambien y entonces y solo entonces, dejen sus conductas pecaminosas, pueda traducirse en votar por alguien esperando que promulgue leyes que impidan estas conductas de pecado. NO EXISTE NINGUNA LEY HUMANA QUE PUEDA IMPEDIR QUE EL HOMBRE SIN CRISTO PEQUE.

De hecho la sociedad en la que Jesús desarrolló su ministerio y en la que la iglesia inició su peregrinar por el mundo era peor que la actual: idolatría como norma de estado, inmoralidad sexual rampante como algo normal, desprecio por la vida humana, desprecio por el derecho internacional, etc. No obstante jamás encontramos a Jesús en los evangelios ordenando apoyar a algún partido político de su época a fin de cambiar esa realidad mediante decretos o leyes. Su estrategia fue mucho más audaz y revolucionaria: amar a los enemigos, ayudar a los necesitados, echar fuera demonios y proclamar el evangelio.

Quizás seria interesante ver a la iglesia haciéndolo nuevamente para entonces tener el avivamiento y el adecentamiento que esperamos.

¿Ustedes que piensan? 

Categorías: Iglesia · Liderazgo · Reino de Dios · Sociedad
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