Moviéndose a la velocidad de Dios

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Creciendo por inmigración (Tercera Parte)

Julio 28, 2009 · Dejar un comentario

De nuevo por acá tratando de concluir el tema que empecé hace algunos meses atrás (prometo tratar de ser más frecuente con mis entradas en este blog).

Un hecho que las iglesias hispanas no toman en cuenta al momento de crear sus programas o de diseñar su estrategia es la existencia de la segunda generación (digo segunda pues cuando estamos hablando de una tercera, cuarta o quinta generación, como existe en algunos estados la situación es bastante diferente en su tratamiento).  Estamos frente al hecho de jóvenes que navegan en dos mundos a la vez: el anglo y el hispano, hablando en muchos casos dos idiomas (inglés y español), separados en la mayoría de las ocasiones de su familia extendida y viendo y sabiendo de sus primos, tíos y abuelos que viven en Latinoamérica a través de las noticias de sus padres o por la internet.

Estos jóvenes tienen ciertas características que los hacen diferentes de sus padres: conocen mejor la cultura que los rodea y son parte de ella, hablan inglés entre ellos pero con uso de dichos o palabras o frases en español, están logrando obtener títulos académicos que sus padres nunca obtuvieron y se relacionan con otras etnias de una manera mucho más fluida que sus padres.

En materia de espiritualidad tienen otra manera diferente de preguntar, cuestionan las respuestas que reciben de sus “líderes”, no se ajustan a los modelos eclesiológicos rígidos ni a los conceptos doctrinales tradicionales, son creativos en la expresión de su fe y desean una experiencia espiritual más que una enseñanza conceptual.

Basta con echar una mirada a las iglesias hispanas en los Estados Unidos y casi en su mayoría están vacías de jóvenes (salvo honrosísimas excepciones), lo cual nos da una idea de lo que no se está haciendo: desarrollando una estrategia que incluya y valore a los jóvenes como lo que son: sujetos llenos de todo el potencial necesario para hacer que la iglesia de Jesús extienda el Reino de los Cielos ahora mismo y en las próximas décadas.

Sin embargo, la actitud de la mayoría de los “líderes” de nuestras iglesias hacia los jóvenes es la de descalificación. Consideramos que por el hecho de no ser adultos, estar casados y tener hijos, poseer formación teológica y varios lustros de asistencia a la iglesia, no son capaces de desarrollar y ejercer los dones y talentos de que han sido dotados por Dios (lo cual es un contrasentido pues si ya tienen los dones y talentos, no entiendo cómo es que no pueden ejercerlos o desarrollarlos).

Esto se refleja también en el lamentable hecho de que la población hispana está totalmente a la retaguardia en la utilización de sus jóvenes adultos para la iniciación de nuevas iglesias. Básicamente no hay jóvenes adultos hispanos iniciando iglesias alrededor de los Estados Unidos y esto envía otro mensaje claro de nuestra parte: los jóvenes solo sirven para ser atendidos en un ministerio especial que los entretenga mientras crecen y se hacen adultos, y cuando mucho un líder joven puede solamente aspirar a ser pastor de jóvenes bajo esas condiciones.

Mientras esto sucede una generación entera de potenciales líderes del pueblo de Dios se está perdiendo: en el mejor de los casos se van para iglesias anglo, pero en la mayoría de las veces abandonan la iglesia para siempre.

Esto es algo de lo que tendremos que dar cuentas a Dios. ¿Ustedes que piensan?

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Creciendo por inmigración (Segunda parte)

Abril 30, 2009 · 1 comentario

Retomemos el tema de nuestra última entrada.  Si aceptamos que la razón básica de la iglesia es la de alcanzar a las personas que no tienen una relación con Jesús, a fin de que seamos testigos ante ellos y puedan iniciar esa relación eterna, es un hecho entonces que nunca antes en la historia de este país ha habido tanta oportunidad de hacerlo como ahora. De acuerdo con el censo del 2000, los Estados Unidos tienen una población oficial de 300 millones de personas (suma que estoy totalmente seguro será ampliamente superada en los resultados del censo nacional del 2010), de los cuales más de 200 millones no son seguidores de Jesús, lo cual representa alrededor de un 66% del total.

Cuando traemos esos datos a la población hispana, las cifras son proporcionalmente igual de grandes. Se estima que el 13% de la población total en los Estados Unidos es de origen hispano, lo cual nos ubicaría en el rango de los 40 millones de personas (De nuevo esto es según el censo del 2000 que solo es utilizado en este artículo con intenciones de ilustración). Estimaciones hechas por el Dr. Daniel Sanchez en su libro “Realidades Hispanas” indican que el 22% de esa población afirma ser cristianos nacidos de nuevo, lo cual nos daría un número aproximado de 8 millones y medio de hispanos con una relación personal con Jesús, que se congregan cada semana en alguna iglesia en todo el territorio de la Unión Americana.  ¡Estas son buenas noticias para la iglesia! Lo malo es que aún quedarían 31 millones y medio de hispanos viviendo en este país sin experimentar las bendiciones del amor incondicional de Dios a través de Jesús y sin poder ver sus vidas transformadas por la obra del Espíritu Santo.

Sin embargo podría pensarse que los 8.5 millones de creyentes hispanos son el resultado del celo evangelistico de la iglesia, pero la realidad es otra. Durante mi experiencia viviendo, sembrando iglesias, pastoreando  y trabajando junto a otras, he podido observar el fenómeno de la inmigración cristiana como método número uno de crecimiento de las obras, por lo menos en Maryland y Delaware que es donde vivo.

Alrededor del 80% o más de los miembros de las congregaciones está formado por personas que ya eran cristianos al llegar a esas iglesias, y solamente se han unido a ellas.

Estos hermanos buscan encontrar un modelo de iglesia similar al que conocieron en sus países y representan una mezcla interesante de tradiciones y doctrinas religiosas que en muchas ocasiones impide que la congregación se mueva según la visión que Dios les ha dado a sus pastores o líderes.

Este fenómeno ha puesto a competir a las iglesias locales por esos “potenciales miembros” que llegan a diario a nuestras ciudades, lo que ha variado la filosofía misma de ministerio de las congregaciones y las ha convertido en centros de reunión de cristianos, en vez de ser agencias misioneras empeñadas en extender el Reino de Dios entre los que no han entregado su vida a Jesús.

De pronto es más fácil ajustarse a los gustos de aquellos que ya fueron alcanzados por otros, que invertir el tiempo y el esfuerzo necesario para bregar con los que aun están en medio de las tinieblas.

Ustedes, ¿qué piensan?

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Creciendo por inmigración (Primera Parte)

Abril 19, 2009 · 1 comentario

Los que me conocen saben que he hablado de este tema en todos los foros posibles en los que pastores y plantadores de Iglesias hispanos se han reunido para discutir acerca de sus ministerios.

La inmigración es un hecho innegable en los Estados Unidos para todos los grupos étnicos, pero es especialmente cierto entre los hispanos, debido a la cercanía de nuestros países con la frontera sur. Esto nos enfrenta a una realidad que es completamente diferente a la que vivimos en nuestras tierras y que debería marcar el estilo de ministerio que desarrollamos en las iglesias, pues estas deben adaptarse a la gente que están tratando de alcanzar y ministrar.

Lo anterior es perfectamente entendible y deseable pues sería absurdo, como algunas personas desean, que las iglesias hispanas dentro de los Estados Unidos sean copias exactas de aquellas a las que asistíamos en El Salvador, Guatemala, México o Colombia, por mencionar algunos de los países con más representación demográfica en estas tierras del norte.

Sin embargo esto no refleja ni ha conducido a un tipo de pensamiento “missional” o de alcance en el liderazgo evangélico hispano en los Estados Unidos, pues no se han tomado en cuenta algunos de esos detalles tales culturales como:

1)      Los valores de nuestra comunidad en Estados Unidos, que son diferentes a los de nuestras sociedades en Latinoamérica.  Valores tales como la familia, el descanso, la cooperación, la devoción religiosa, etc, dan lugar a otros tales como el éxito financiero, la constante actividad laboral, el individualismo, etc, una vez que se cruza el Río Grande. Sin embargo las iglesias siguen planificando y ofreciendo ministerios pensados para satisfacer la primera lista de valores, sin tomar en cuenta la realidad estadounidense.  

2)      La existencia de una segunda generación hispana que no comparte muchos de los rasgos culturales que tienen sus padres. Muchos de estos muchachos llegaron bastante jóvenes a los Estados Unidos y ya sabían leer y escribir español, además de que este es su idioma madre, aunque con los años llegan a insertarse en el mundo que los rodea con mucha mayor facilidad que la primera generación. Por otro lado lo cierto es que cada vez tenemos más niños nacidos en este país, que solamente saben leer y escribir inglés y que hablan español en situaciones de extrema necesidad o no lo hablan del todo. Estos niños, tanto los nacidos en Latinoamérica como los nacidos en los Estados Unidos, comparten algunos rasgos culturales de sus padres como el gusto por la comida, alguna música en español o la participación en cierto tipo de celebraciones, pero el resto de su cosmovisión es influenciada por una cultura norteamericana que sus padres no siempre entienden o aceptan. La iglesia tampoco ha hecho un buen trabajo con ellos y sigue creando iglesias con la mira en la primera generación de inmigrantes sin tomar en cuenta a sus hijos.

3)      La llegada de hispanos que ya han sido evangelizados en sus países de origen y que llegan a Estados Unidos buscando donde congregarse y repetir el modelo eclesiástico que aprendieron en sus tierras. Esto provoca fuertes choques entre estos recién llegados y aquellos que ya tienen muchos años viviendo aquí o las nuevas generaciones hispanas, por los asuntos mencionados antes.  

Esto es solo un esbozo del tema. En próximos comentarios estaremos desarrollando cada uno de ellos y algunos más que se hayan quedado “en el tintero”. El tema da para un fructífero debate.

¿Ustedes que piensan?

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Abiertos a innovar

Febrero 5, 2009 · Dejar un comentario

Luego de varias semanas sin aparecer por acá, he retomado la Buena costumbre de escribir y dejar mis pensamientos disponibles para todo el que desee leerlos y compartir su criterio sobre los temas en los cuales pienso.

Hoy quiero reflexionar sobre lo que consideramos el modelo por excelencia para hacer iglesia.

Generalmente aceptamos sin vacilar la imagen de una iglesia reuniéndose en un edificio para tener un servicio semanal en domingo, con otras reuniones menores durante la semana en el mismo edificio: estudios bíblicos, reuniones de oración, grupos ministeriales específicos como jóvenes, mujeres, matrimonios, etc. En algunos casos se ha dado un paso en otra dirección y se usan los hogares de los miembros para tener esas reuniones, y los más innovadores van a restaurantes y cafés.

Sin embargo, al final todo apunta hacia el evento principal que es el servicio del domingo en el edificio y, entonces, el éxito de las actividades depende o se mide por la asistencia al servicio dominical. Ya dentro de este hay otros números para tomar en cuenta como la ofrenda y los bautismos, lo cuales afirman la sensación de éxito mencionada.

En el otro lado de la moneda está la iglesia en los hogares diseñada en gran medida, para cambiar el lugar de la reunión y el número de los asistentes. Es cierto que hay cambios significativos desde el punto de vista filosófico en cuanto a personal pagado (staff) o la recolección y el destino de la ofrenda, pero en el fondo muchas de estas congregaciones terminan enfocándose más en el método y el evento (nuevamente).

Tal parece en ambos casos que la meta final es preservar y hacer crecer el modelo cuando lo realmente importante, desde el punto de vista bíblico, es la gente.

Las personas que no tienen una relación personal con Jesús, que están llenas de dudas y preguntas espirituales, que desean ser aceptadas por ese organismo vivo y lleno de amor incondicional que debiera ser la iglesia, no están en el centro de nuestra atención.

Hablamos de evangelismo y misiones como una forma de ampliar el número de asistentes a los eventos (servicio dominical o reunión en las casas), los vemos como estrategias de alcance de un “mercado meta” disponible y como dos ministerios mas de los tantos que la iglesia tiene, porque en realidad el foco de la iglesia es el grupo de creyentes que se reúnen en los eventos principales. Prácticamente todos los recursos humanos, espirituales y materiales se dedican a atender las necesidades de los cristianos, bajo la idea del “discipulado”, cuando en realidad (y esto es una experiencia real en la mayoría de las congregaciones) el resultado de ese discipulado, que debería de ser una vida mas parecida a la de Jesús, no se ve por ninguna parte luego de años de esfuerzo e inversión. Y mientras tanto las personas sin Jesús siguen estando sin Jesús.

¿Que pasaría si el énfasis de la iglesia en su proceso de discipulado fuera ayudar a sus miembros a imitar a Jesús (el de la Biblia) en su relación diaria con las personas que están fuera de la iglesia, sin otra agenda que mostrar el amor de Dios al mundo que El tanto amó que dio a su único Hijo para que todo aquel que en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna?

¿Ustedes que piensan?

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Prostitutas para Jesús

Octubre 20, 2008 · 3 comentarios

Resulta interesante como los cristianos nos comportamos algunas veces cuando debemos tomar decisiones de orden público acerca de algunos temas concretos.

Digo esto pues recientemente en mi perfil de Facebook me uní a un grupo llamado “Hookers for Jesús” (Prostitutas para Jesús), el cual se dedica a ayudar a muchas personas (hombres y mujeres por igual) a salir del oscuro mundo de la explotación sexual en todas sus formas y lo hace desde una perspectiva totalmente cristiana presentándoles a estas personas el evangelio de Jesús como la alternativa para transformar sus vidas a través del amor y las oportunidades que este grupo da a quienes son víctimas de esta plaga.

Como parte de la experiencia no solo me uní al grupo sino que además envié invitaciones a todos mis amigos de Facebook.  Al momento de escribir esto solo tres de ellos han respondido y se han unido también.

No se que es lo que motiva para no unirse a este tipo de causas a los creyentes en Jesús, pero definitivamente esta actitud no encuentra asidero alguno en la Biblia.

Jesucristo mismo pasaba mucho de su tiempo en compañía de personas que eran también participes de comportamientos con un alto grado de rechazo social y permitió que algunas de estas personas le tocaren y adoraren, mostrándoles el tipo de amor y misericordia que termina atrayendo a las personas hacia él.

Nosotros como iglesia nos hemos retirado de la gente “mala” para tratar de acercarnos solo a la gente “buena”, olvidándonos (como dice Neil Cole) que es precisamente la gente “mala” la que constituye mejor suelo para plantar la semilla del evangelio.

El cuerpo de Cristo necesita acercarse de nuevo a los rechazados, los despreciados, los relegados, los dejados atrás y convertir su mensaje en buenas nuevas otra vez, especialmente para aquellos que están sin esperanza por una vida de privaciones y abusos de todo tipo.

Pueden ser prostitutas para Jesús, o homeless para Cristo, o adictos para El Señor, usted menciónelo. Lo que es realmente importante es hacer algo que bendiga a aquellos que andan por el mundo esclavizados por el pecado y agredidos por nuestra indiferencia e incluso por nuestro rechazo.

La Biblia nos llama a ser Luz del Mundo, pero esa luz no brillará a menos que nuestras buenas obras la alimenten. Es solo entonces que los hombres glorificarán al Padre que está en los cielos.

¿Ustedes que piensan?

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Enfocados en lo importante

Octubre 8, 2008 · Dejar un comentario

Estamos en periodo electoral, no solo en los Estados Unidos sino también en muchas otras naciones alrededor del mundo.

El tiempo antes de las elecciones está siempre lleno de cuestionamientos y respuestas; algunas de ellas un tanto disparatadas y otras que de tanto repetirse cada periodo se han vuelto irrelevantes.

Pese a ello cada sector de la sociedad se involucra en la expresión de opiniones y se termina alineando a uno u otro lado del espectro político de acuerdo, y esa es nuestra esperanza, a sus mejores convicciones acerca de lo que es mejor para el país en el que vive y, en ultima instancia, para el mundo en general según sea que lo entienda desde su propia cosmovisión.

La iglesia no escapa a esta realidad. Cada día podemos escuchar en la radio, la televisión, los medios escritos y cibernéticos cristianos debates acalorados acerca de la ventaja de votar por uno u otro candidato o partido.

Esto no está mal. El problema es que se hace utilizando para ello una ecuación que mas o menos podría verse así: Cristiano = miembro de X partido político. Este es el punto de partida, la base fundamental de la discusión es que no hay discusión.

La iglesia en los Estados Unidos se ha alineado con una determinada fuerza política y para ello se utilizan argumentos como la lucha contra el aborto y el matrimonio homosexual o la mayor o menor postura conservadora de los líderes de esas fuerzas políticas.

Como creyentes y seguidores de Cristo estamos en total rechazo al aborto y al homosexualismo en general como práctica No interesa si la sociedad los acepta o no como cosas normales.

Sin embargo es el papel de la iglesia enfrentando esto lo que me preocupa seriamente. Recientemente conversaba con mi amigo David Jackson y sobre este tema y la conclusión a la que llegamos es que es una falacia pretender que lo que el Señor Jesús nos ordenó en cuanto a ir y hacer discípulos de manera que los corazones de las personas cambien y entonces y solo entonces, dejen sus conductas pecaminosas, pueda traducirse en votar por alguien esperando que promulgue leyes que impidan estas conductas de pecado. NO EXISTE NINGUNA LEY HUMANA QUE PUEDA IMPEDIR QUE EL HOMBRE SIN CRISTO PEQUE.

De hecho la sociedad en la que Jesús desarrolló su ministerio y en la que la iglesia inició su peregrinar por el mundo era peor que la actual: idolatría como norma de estado, inmoralidad sexual rampante como algo normal, desprecio por la vida humana, desprecio por el derecho internacional, etc. No obstante jamás encontramos a Jesús en los evangelios ordenando apoyar a algún partido político de su época a fin de cambiar esa realidad mediante decretos o leyes. Su estrategia fue mucho más audaz y revolucionaria: amar a los enemigos, ayudar a los necesitados, echar fuera demonios y proclamar el evangelio.

Quizás seria interesante ver a la iglesia haciéndolo nuevamente para entonces tener el avivamiento y el adecentamiento que esperamos.

¿Ustedes que piensan? 

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