3 caracteristicas de nuestra latinoamericanidad


No es este un blog concebido para criticar negativamente a los hispanos de los Estados Unidos o del resto de America Latina. Es en realidad una reflexion sobre otra reflexion que el Dr. Rudy Gonzalez, expuso en la Conferencia Nacional de Evangelismo y Movilizacion de las iglesias Bautistas del Sur de los Estados Unidos, que se estaa celebrando en la ciudad de Atlanta en estos dias.

En ella, el Dr. Gonzalez expone lo que el llama 3 caracteristicas que persiguen a la poblacion latina en toda las Americas. La primera es la carga de fatalismo o pesimismo. Esta caracteristica se refleja en la forma en que afrontamos los retos y las circunstancias que nos rodean en nuestros paises o en otros puntos del orbe donde estemos viviendo. Frases como “asi ha sido siempre y esas cosas no cambian”, o “asi es la vida” solo esconden un fatalismo que impide levantarse o rebelarse contra esas circunstancias adversas.

La segunda característica es la superstición. El sincretismo que existió durante el tiempo de la conquista y que llevó a los pueblos latinoamericanos a asumir una religiosidad plagada de elementos propios de sus religiones autóctonas, cambiando sus dioses de nombre básicamente, y las prácticas mágicas que aun hoy día se conservan, como el culto a los muertos o la protección contra el mal de ojo, marcan la cultura de nuestras naciones, su acercamiento al fenómeno religioso y su reacción ante la vida.

La ultima de esas características es la del romanticismo. Esa actitud que nos lleva a idealizar la patria que hemos dejado atrás, de manera singular, y la región en la que vivíamos, o vivimos, de manera particular. Actitudes como las de portar una bandera de mi país de origen, vestir ropas con diseños que representan a esos países o regiones, negarse a aprender un idioma diferente o a incorporarse a la vida de la sociedad en la cual se vive, a pesar de hacerlo por años e incluso décadas, solo muestran ese romanticismo llevado a extremos.

Con todas esas cosas debemos luchar cada día quienes estamos tratando de alcanzar, por una razón u otra, a los latinoamericanos que viven en otros países, especialmente de otras culturas, y a aquellos que aun están en nuestras tierras y las presentan de manera contextualizadas.

Ustedes que piensan?


Ministros bi-vocacionales o profesionales?


La situación económica que ha golpeado todos los sectores de la economía estadounidense, y probablemente mundial, en los últimos casi cuatro años, no ha respetado al mundo religioso tampoco. Las Iglesias o congregaciones de todas las denominaciones o confesiones de fe, han debido ajustarse a la realidad.

Programas que fueron parte esencial de la vida de cualquiera de esas congregaciones u organizaciones, están hoy reducidas dramáticamente, en el mejor de los casos, o han desaparecido en el peor de los escenarios.

Desde el punto de vista Cristiano evangélico, esto ha traído nuevamente a la mesa la discusión acerca de una figura que en realidad nunca ha dejado de existir, pero que no ha recibido la atención o el respeto que se merece. Me refiero a la figura del pastor/plantador de Iglesias bi-vocacional, que es aquel que sirve a su congregación pero que recibe todo o parte de sus ingresos personales de otra fuente distinta a la congregación.

Por muchas décadas, la idea de que el pastor/plantador de Iglesias debía de ser un obrero a tiempo complete, que recibiera sus ingresos totales de la congregación o de alguna agencia para eclesiástica, fue la norma. Esto quizás debido a la herencia católico-romana y, posteriormente, de la reforma protestante que compartimos.

Este modelo de ministro profesional (o de tiempo completo), ha puesto en serios apuros a cientos de miles de congregaciones pequeñas alrededor del mundo occidental. Esto debido a que las finanzas de dichas congregaciones deben ser utilizadas, casi en su totalidad, para sostener al pastor/plantador de Iglesias y su familia, dejando el presupuesto que debe ser destinado a misiones, ministerio a la comunidad, etc, en niveles tan bajos que, a veces, ese tipo de acción de la iglesia, que debería de ser su esencia o razón de existir, apenas si se desarrolla.

Por otro lado, cuando se estudian las paginas del Nuevo Testamento (que es el fundamento doctrinal y práctico de la iglesia, no el modelo del Templo de Israel que se encuentra en el Antiguo Testamento), nos encontramos con la practica del ministerio bi-vocacional como fundamento del liderazgo Cristiano del siglo primero. Los ancianos o pastores que se establecían en las nuevas Iglesias, eran todos miembros activos de sus comunidades, y esto era, además, un requisito para ser considerado a la posición.

Ser bi-vocacional presenta un reto importante para el pastor/plantador de Iglesias. En primer lugar porque le obliga a mantener relación diaria con personas que no son parte de su congregación; en Segundo lugar, le pone en contacto con la cultura en la cual su congregación está sirviendo, y en tercer lugar, le obliga a desarrollar liderazgo en su congregación mas rápidamente de lo que lo hace un pastor/plantador de Iglesias de tiempo completo o profesional.

Continuaremos desarrollando este tema en futuras entregas. Mientras tanto, ustedes que piensan?


Mis pensamientos sobre GCR


Este es un tema que concierne especialmente a mis hermanos Bautistas del Sur por lo que pido disculpas a aquellos lectores que no pertenecen a la denominación y que probablemente no entenderán de lo que se está hablando.

Sin embargo es un hecho que todo lo que atañe a una denominación cristiana evangélica del tamaño de la Convención Bautista del Sur, es importante para todo el resto del mundo cristiano en occidente.

El año pasado se creó un Comité encargado de presentar a los mensajeros a la reunión anual de SBC, una propuesta de reforma de la Convención en general, a fin de traer un espíritu más misional a nuestras agencias y, en última instancia, a las iglesias afiliadas. Este proyecto se ha llamado Great Commision Resurgence

Recientemente se dio a conocer la primera parte del reporte, dejándose la segunda parte para ser hecha pública hasta el mes de mayo (solo un mes antes de la reunión general en Orlando, FL). Hay varios enunciado interesantes con los que estamos absolutamente de acuerdo, como la necesidad de darle énfasis a la plantación de iglesias en las ciudades de Norte América, que son precisamente donde habita la mayoría de las personas en esta zona geográfica, así como el llamado a levantarse y predicar el evangelio hasta el fin de la tierra, o como dice el informe, a todas las naciones. No hay duda de que estos son argumentos que deben ser no solamente discutidos, sino implementados de inmediato tanto por SBC como por cada denominación e iglesia cristiana norteamericana.

Sin embargo hay tres elementos que se proponen como parte de las vías para lograr esta reforma y que son las que deseo discutir aquí.

En primer lugar el comité recomienda dejar exclusivamente en manos de la Junta de Misiones Norteamericana (NAMB) la tarea de plantar iglesias a través de los Estados Unidos (no se menciona Canadá, aunque probablemente se deba a un error), dividiendo a la agencia en 7 oficinas regionales (las cuales tampoco se explican en detalle de manera que no sabemos a estas alturas si esas oficinas regionales tendrán a su cargo ciudades, estados o grupos de estados).

Para lograr lo anterior se propone que se eliminen en un periodo de cuatro años los acuerdos de cooperación entre NAMB y las convenciones estatales, de manera que todo el dinero que estas convenciones reciben hoy en día sea destinado a la plantación de iglesias en el campo.  En principio la idea suena bien, pero presenta dos aspectos que deben ser considerados: a) Se habla de descentralización en el proceso de plantación de iglesias cuando en realidad pareciera que lo que sucederá es que de 42 entidades a través del país definiendo sus estrategias basadas en sus propias realidades y necesidades, se va a pasar a 7 oficinas regionales de una sola entidad tomando esas decisiones. Personalmente esto no me suena a descentralización sino a todo lo contrario, a menos que alguien me explique la matemática de este asunto, o que se brinden mas detalles de la estrategia total antes, mucho antes,  de que esta sea votada por los mensajeros de la Convención Nacional.

En segundo lugar, la idea de eliminar los acuerdos de cooperación NAMB-Convenciones estatales, probablemente no afecte a las convenciones del sur del país, las que forman el llamado cinturón bíblico, pero sería devastador para las convenciones de las nuevas áreas convencionales como New England, New York, y otras tantas del noroeste y el centro del país al norte del cinturón bíblico. En muchas de estas convenciones la mayoría del personal o staff es pagado a través de estos acuerdos, y su labor ha sido de gran importancia para abrir brecha en estas zonas donde la presencia evangélica en general es diminuta y donde se concentra una gran cantidad de millones de personas en sus ciudades. La idea de sustituir estas  convenciones con las oficinas regionales de NAMB lejos de solucionar este problema lo agrandaría.  Además hay una declaración un poco delicada en el informe sobre la falta de rendición de cuentas sobre este dinero de parte de las convenciones. Esto es serio y debe ser documentado pues genera dudas sobre la honorabilidad de las personas que manejan estos fondos que al final son los dineros con los que las iglesias bautistas del sur cooperan para la extensión del Reino de Dios.

En tercer lugar se propone en el documento pasar la responsabilidad de la plantación de iglesias entre los grupos de lenguaje que existen en Norte América, a la Junta de Misiones Internacionales (IMB), debido a que sus misioneros en el extranjero conocen esos grupos y pueden alcanzarlos mejor. Esto suena bien pero tiene un gran obstáculo: esos grupos de lenguaje son culturalmente diferentes a sus contrapartes en el extranjero. La comunidad vietnamita o filipina que vive en los Estados Unidos y Canadá, no comparte los mismos valores, estilo de vida e intereses de los vietnamitas en Vietnam o los filipinos en las Filipinas. Esto sin entrar a analizar aspectos familiares como la segunda generación o los hijos que llegan pequeños y cursan la escuela en América.

El problema no es el reporte en sí que contiene cosas sumamente interesantes, sino el tiempo para analizarlo y pedir aclaraciones. Si el segundo reporte llega en mayo y la reunión donde se votará es en junio, no creo que exista el tiempo suficiente para el debate que es más que necesario para la toma de decisiones de este tipo. Hay que recordar que el debate al interno del comité no es suficiente, pues este comité no representa a todo el mundo bautista del sur (aunque afirmamos su lealtad a Dios, en primer lugar y a la SBC en segundo término).

Me parece necesario empezar a hablar de esto en todos los niveles y en todos los foros.

¿Ustedes que creen?


God and culture


For a long time already, I’ve been thinking of writing some of my entries in English. So this is my first one and I hope to use this wonderful language in the right way to communicate my thoughts without missing the point.

Let’s talk about culture–not in the way many good social experts are doing it, but from a “lay, non-expert” point of view.

Henry Blackaby suggests joining God right where He is at work in the world. I prefer to use the word culture instead of world, just to avoid confusion with those who feel the word “world” is in fact an evil one.

If we believe God is at work, even before we show up, then we should accept what He is doing in using a wide variety of ways in a wide variety of scenarios.

God’s heart is always passionate about those outside of a relationship with Him. He cries and seeks for each living person in our planet, no matter if this person is worshiping other gods or claiming to be an atheist. 

Now, the way we think He is seeking to build that relationship is crucial in our understanding of our role in God’s plan. Usually we think God is “calling” people to leave their natural environment (whatever it is), and join a safe “Christian” one. By believing this, we accept that our call is to “invite” people to church, where the worship leader and the pastor will give them an invitation to make a prayer and become Christians. From that point on, our role changes and soon we’ll be the people in charge of leading these new believers in a lifestyle marked by the total abandonment of their former environment.

On the other hand, if we think God is not “calling” people to leave their natural environments, but “working to change” those environments, then our role should be different, too. Instead of trying to drag people to our church services and make them “one of us”, we’ll be “going” and joining their very environments with a missional or missionary mindset.

By holding this position, the goal is not for the new believers to leave their natural environments, where all their relatives, friends and colleagues are, but rather to embrace them with a transformed and transformative heart, and through the Holy Spirit’s help, to impact, therefore, the culture around them.

The story of God’s intervention in human history (as it’s related in the Bible) is always in the frame of culture: Abraham, Isaac and Jacob in their relationship with their neighbors in Canaan, Joseph in Egypt, Daniel in Babylon, Nehemiah in Persia, Paul in the Greek cities of the first century, and, of course, Jesus in His own cultural setting in the Roman province of Galilee.  Today God is doing the same in our cities and communities around the world.

We are called to be yeast, salt and light. These elements are only helpful if they are used on raw, dark or non-salted  environments and if these environments are present in the culture.

Thus, we have to ask ourselves: How is God working in the culture within our communities today?


Creciendo por inmigración (Tercera Parte)


De nuevo por acá tratando de concluir el tema que empecé hace algunos meses atrás (prometo tratar de ser más frecuente con mis entradas en este blog).

Un hecho que las iglesias hispanas no toman en cuenta al momento de crear sus programas o de diseñar su estrategia es la existencia de la segunda generación (digo segunda pues cuando estamos hablando de una tercera, cuarta o quinta generación, como existe en algunos estados la situación es bastante diferente en su tratamiento).  Estamos frente al hecho de jóvenes que navegan en dos mundos a la vez: el anglo y el hispano, hablando en muchos casos dos idiomas (inglés y español), separados en la mayoría de las ocasiones de su familia extendida y viendo y sabiendo de sus primos, tíos y abuelos que viven en Latinoamérica a través de las noticias de sus padres o por la internet.

Estos jóvenes tienen ciertas características que los hacen diferentes de sus padres: conocen mejor la cultura que los rodea y son parte de ella, hablan inglés entre ellos pero con uso de dichos o palabras o frases en español, están logrando obtener títulos académicos que sus padres nunca obtuvieron y se relacionan con otras etnias de una manera mucho más fluida que sus padres.

En materia de espiritualidad tienen otra manera diferente de preguntar, cuestionan las respuestas que reciben de sus “líderes”, no se ajustan a los modelos eclesiológicos rígidos ni a los conceptos doctrinales tradicionales, son creativos en la expresión de su fe y desean una experiencia espiritual más que una enseñanza conceptual.

Basta con echar una mirada a las iglesias hispanas en los Estados Unidos y casi en su mayoría están vacías de jóvenes (salvo honrosísimas excepciones), lo cual nos da una idea de lo que no se está haciendo: desarrollando una estrategia que incluya y valore a los jóvenes como lo que son: sujetos llenos de todo el potencial necesario para hacer que la iglesia de Jesús extienda el Reino de los Cielos ahora mismo y en las próximas décadas.

Sin embargo, la actitud de la mayoría de los “líderes” de nuestras iglesias hacia los jóvenes es la de descalificación. Consideramos que por el hecho de no ser adultos, estar casados y tener hijos, poseer formación teológica y varios lustros de asistencia a la iglesia, no son capaces de desarrollar y ejercer los dones y talentos de que han sido dotados por Dios (lo cual es un contrasentido pues si ya tienen los dones y talentos, no entiendo cómo es que no pueden ejercerlos o desarrollarlos).

Esto se refleja también en el lamentable hecho de que la población hispana está totalmente a la retaguardia en la utilización de sus jóvenes adultos para la iniciación de nuevas iglesias. Básicamente no hay jóvenes adultos hispanos iniciando iglesias alrededor de los Estados Unidos y esto envía otro mensaje claro de nuestra parte: los jóvenes solo sirven para ser atendidos en un ministerio especial que los entretenga mientras crecen y se hacen adultos, y cuando mucho un líder joven puede solamente aspirar a ser pastor de jóvenes bajo esas condiciones.

Mientras esto sucede una generación entera de potenciales líderes del pueblo de Dios se está perdiendo: en el mejor de los casos se van para iglesias anglo, pero en la mayoría de las veces abandonan la iglesia para siempre.

Esto es algo de lo que tendremos que dar cuentas a Dios. ¿Ustedes que piensan?


Creciendo por inmigración (Segunda parte)


Retomemos el tema de nuestra última entrada.  Si aceptamos que la razón básica de la iglesia es la de alcanzar a las personas que no tienen una relación con Jesús, a fin de que seamos testigos ante ellos y puedan iniciar esa relación eterna, es un hecho entonces que nunca antes en la historia de este país ha habido tanta oportunidad de hacerlo como ahora. De acuerdo con el censo del 2000, los Estados Unidos tienen una población oficial de 300 millones de personas (suma que estoy totalmente seguro será ampliamente superada en los resultados del censo nacional del 2010), de los cuales más de 200 millones no son seguidores de Jesús, lo cual representa alrededor de un 66% del total.

Cuando traemos esos datos a la población hispana, las cifras son proporcionalmente igual de grandes. Se estima que el 13% de la población total en los Estados Unidos es de origen hispano, lo cual nos ubicaría en el rango de los 40 millones de personas (De nuevo esto es según el censo del 2000 que solo es utilizado en este artículo con intenciones de ilustración). Estimaciones hechas por el Dr. Daniel Sanchez en su libro “Realidades Hispanas” indican que el 22% de esa población afirma ser cristianos nacidos de nuevo, lo cual nos daría un número aproximado de 8 millones y medio de hispanos con una relación personal con Jesús, que se congregan cada semana en alguna iglesia en todo el territorio de la Unión Americana.  ¡Estas son buenas noticias para la iglesia! Lo malo es que aún quedarían 31 millones y medio de hispanos viviendo en este país sin experimentar las bendiciones del amor incondicional de Dios a través de Jesús y sin poder ver sus vidas transformadas por la obra del Espíritu Santo.

Sin embargo podría pensarse que los 8.5 millones de creyentes hispanos son el resultado del celo evangelistico de la iglesia, pero la realidad es otra. Durante mi experiencia viviendo, sembrando iglesias, pastoreando  y trabajando junto a otras, he podido observar el fenómeno de la inmigración cristiana como método número uno de crecimiento de las obras, por lo menos en Maryland y Delaware que es donde vivo.

Alrededor del 80% o más de los miembros de las congregaciones está formado por personas que ya eran cristianos al llegar a esas iglesias, y solamente se han unido a ellas.

Estos hermanos buscan encontrar un modelo de iglesia similar al que conocieron en sus países y representan una mezcla interesante de tradiciones y doctrinas religiosas que en muchas ocasiones impide que la congregación se mueva según la visión que Dios les ha dado a sus pastores o líderes.

Este fenómeno ha puesto a competir a las iglesias locales por esos “potenciales miembros” que llegan a diario a nuestras ciudades, lo que ha variado la filosofía misma de ministerio de las congregaciones y las ha convertido en centros de reunión de cristianos, en vez de ser agencias misioneras empeñadas en extender el Reino de Dios entre los que no han entregado su vida a Jesús.

De pronto es más fácil ajustarse a los gustos de aquellos que ya fueron alcanzados por otros, que invertir el tiempo y el esfuerzo necesario para bregar con los que aun están en medio de las tinieblas.

Ustedes, ¿qué piensan?


Creciendo por inmigración (Primera Parte)


Los que me conocen saben que he hablado de este tema en todos los foros posibles en los que pastores y plantadores de Iglesias hispanos se han reunido para discutir acerca de sus ministerios.

La inmigración es un hecho innegable en los Estados Unidos para todos los grupos étnicos, pero es especialmente cierto entre los hispanos, debido a la cercanía de nuestros países con la frontera sur. Esto nos enfrenta a una realidad que es completamente diferente a la que vivimos en nuestras tierras y que debería marcar el estilo de ministerio que desarrollamos en las iglesias, pues estas deben adaptarse a la gente que están tratando de alcanzar y ministrar.

Lo anterior es perfectamente entendible y deseable pues sería absurdo, como algunas personas desean, que las iglesias hispanas dentro de los Estados Unidos sean copias exactas de aquellas a las que asistíamos en El Salvador, Guatemala, México o Colombia, por mencionar algunos de los países con más representación demográfica en estas tierras del norte.

Sin embargo esto no refleja ni ha conducido a un tipo de pensamiento “missional” o de alcance en el liderazgo evangélico hispano en los Estados Unidos, pues no se han tomado en cuenta algunos de esos detalles tales culturales como:

1)      Los valores de nuestra comunidad en Estados Unidos, que son diferentes a los de nuestras sociedades en Latinoamérica.  Valores tales como la familia, el descanso, la cooperación, la devoción religiosa, etc, dan lugar a otros tales como el éxito financiero, la constante actividad laboral, el individualismo, etc, una vez que se cruza el Río Grande. Sin embargo las iglesias siguen planificando y ofreciendo ministerios pensados para satisfacer la primera lista de valores, sin tomar en cuenta la realidad estadounidense.  

2)      La existencia de una segunda generación hispana que no comparte muchos de los rasgos culturales que tienen sus padres. Muchos de estos muchachos llegaron bastante jóvenes a los Estados Unidos y ya sabían leer y escribir español, además de que este es su idioma madre, aunque con los años llegan a insertarse en el mundo que los rodea con mucha mayor facilidad que la primera generación. Por otro lado lo cierto es que cada vez tenemos más niños nacidos en este país, que solamente saben leer y escribir inglés y que hablan español en situaciones de extrema necesidad o no lo hablan del todo. Estos niños, tanto los nacidos en Latinoamérica como los nacidos en los Estados Unidos, comparten algunos rasgos culturales de sus padres como el gusto por la comida, alguna música en español o la participación en cierto tipo de celebraciones, pero el resto de su cosmovisión es influenciada por una cultura norteamericana que sus padres no siempre entienden o aceptan. La iglesia tampoco ha hecho un buen trabajo con ellos y sigue creando iglesias con la mira en la primera generación de inmigrantes sin tomar en cuenta a sus hijos.

3)      La llegada de hispanos que ya han sido evangelizados en sus países de origen y que llegan a Estados Unidos buscando donde congregarse y repetir el modelo eclesiástico que aprendieron en sus tierras. Esto provoca fuertes choques entre estos recién llegados y aquellos que ya tienen muchos años viviendo aquí o las nuevas generaciones hispanas, por los asuntos mencionados antes.  

Esto es solo un esbozo del tema. En próximos comentarios estaremos desarrollando cada uno de ellos y algunos más que se hayan quedado “en el tintero”. El tema da para un fructífero debate.

¿Ustedes que piensan?